Presidente: ¿qué haremos con Rusia y las exportaciones agroalimentarias?

Eduardo Santos Fuenzalida / Experto internacional en asuntos de comercio

Tremendo dolor de cabeza para el Presidente Piñera, el Presidente electo y los exportadores. Hasta ahora, como uno de los impactos más inmediatos de la invasión rusa de Ucrania, las autoridades chilenas nos han advertido del aumento del precio del petróleo, en los próximos meses. Algo han dicho también de los efectos en el precio de los cereales, ya que Ucrania es uno de los mayores productores. Y ¿qué ocurriría con posibles sanciones económicas a Rusia y nuestras exportaciones? Acá tengo malas noticias para Chile. Esto podría tener un enorme impacto en nuestras exportaciones agroalimentarias. Está complicado, pero ya sabemos qué les ocurre a quienes juegan con fuego: ahora está súper “caldeado” para ese sector. Durante el período 2018-2020, nuestras exportaciones a Rusia alcanzaron un valor cercano a los 797 millones de dólares (promedio anual), y casi el 82% de ese total son productos agroalimentarios. ¿Se sorprendió? Yo sí (Códigos HS01 a HS24, Banco de datos ONU – ITC).

Algunos podrán argumentar –con fundamentos– que es una pequeña fracción del total de nuestras exportaciones al mundo. Después de todo, es poco más del 1% del total. En resumen, no estamos hablando de China que –durante el mismo período– participó con más del 35% de nuestras exportaciones, desplazando a Estados Unidos como nuestro principal mercado. Ya volveremos a este tema. Ahora, de regreso a Rusia. A pesar de ser una cifra comparativamente pequeña, nuestras exportaciones están totalmente centradas en el sector agroalimentario y en grupos reducidos de productos. Sin duda –grandes o pequeños– los exportadores sufrirán el impacto de esta invasión, con o sin sanciones. ¿Romperemos relaciones diplomáticas con Rusia? ¿Impondremos sanciones económicas? Si no lo hace el Presidente Piñera, Gabriel Boric quedará acorralado y sin muchas alternativas.

Pero miremos en algún detalle nuestras exportaciones a Rusia y veamos qué sectores se verían más afectados. Por lejos, nuestras principales exportaciones son alimentos del mar, que contribuyen con más del 50% del total de nuestras ventas a Rusia: algo de preparaciones de mejillones y, principalmente, filetes de truchas y salmón congelado, en particular este último (47%). Luego, bastante lejos, vienen las exportaciones de fruta, que participan con cerca del 16% (principalmente manzanas y uvas); y más abajo aún, las exportaciones de carnes, en especial, carnes de cerdo y algo de aves (cerca de 7%); y vino (alrededor del 4%).

Se complicó la agenda exportadora agroalimentaria con Rusia. Siempre me pregunté por qué se le daba tanta importancia a esta relación, pero nunca me di el tiempo de estudiar el tema. Escuchando a las sucesivas administraciones y a exportadores, parecía de gran interés. La invasión de Ucrania, no obstante, pone un paréntesis a las relaciones comerciales con Rusia y nos fuerza a tomarnos el tiempo para revisar nuestra “agenda bilateral”, incluyendo el fomento de exportaciones del sector agroalimentario y, por cierto, la existencia de la Agregaduría Agrícola que, al menos por ahora, no parece justificarse. ¿Quién ganará la pulseada en este escenario?

Me parece que debiéramos solidarizarnos con el canciller de Alemania, quien debe estar preguntándose si Rusia le cerrará la “llave de paso” del gas, de seguir apoyando a Ucrania. Tenemos un problema parecido. En esta ocasión, independientemente de lo que decidamos hacer en materia de sanciones diplomáticas, económicas y/o comerciales con Rusia, nosotros deberemos reconsiderar la truncada e imperfecta forma de relacionarnos comercialmente que hemos desarrollado con ellos, y algunos otros países, incluyendo China. No podemos volver a colocarnos –o permitir que nos pongan– en situaciones tan vulnerables, como la que debemos enfrentar hoy con Rusia. Y quién sabe cuándo con China. No podemos volver a colocarnos –o permitir que nos pongan– en situaciones tan vulnerables, como la que debemos enfrentar hoy con Rusia. Y quién sabe cuándo con China. ¡Tal vez la provoque un nuevo levantamiento estudiantil en Hong Kong, un desencuentro con Taiwán, la construcción de islas artificiales en el mar de China, represión a las minorías musulmanas o, por qué no, nuevas protestas en la plaza de Tiananmén!

Es cierto que productores y exportadores –considerando las libertades o autorizaciones que corresponda– venderán sus productos donde estén en condiciones de hacerlo y, al mismo tiempo, puedan hacer buenos negocios. Es “normal”, pues así es cómo funciona el sistema económico que hemos adoptado, aun cuando varios retrucarán que es el sistema que nos “impusieron”. No obstante, está en manos de la próxima administración poder modificarlo. Ahora debemos reconsiderar crítica y activamente la situación con Rusia, y evitar que vuelva a repetirse. Creo que nos equivocamos con Rusia y ahora debemos hacer frente a lo que estamos viviendo, pero también anticiparnos a lo que puede llegar a ocurrir con China.

Nada personal, pero tengo serias diferencias con las relaciones económicas y políticas que hemos ido construyendo con China. No comparto su “estilo” de “gobierno unipartidario”, ni la facilidad con que nos hemos dejado deslumbrar –o engatusar– por lo que han logrado en materia de industrialización y desarrollo tecnológico, aun cuando los Estados Unidos hace serias acusaciones al respecto. Me produce mucho malestar la total falta de preocupación por el medio ambiente que parece existir en China y su desmedido apetito por los recursos naturales de otros países y… podría seguir con las minorías musulmanas, el Tíbet y otros temas. Pero, por ahora, lo dejo hasta acá, pues quiero centrarme en la posición de vulnerabilidad en que hemos caído en nuestra relación comercial con el gigante asiático. Tengo la convicción de que los regímenes de corte autoritario tienden a ser impredecibles (¡nuevamente Rusia, Corea del Norte, Venezuela y varios otros!) y por ello me preocupa enormemente el “grado” y el “tipo” de dependencia que ha alcanzado nuestro comercio con China.

China concentra aproximadamente el 28% de nuestro comercio global. Nuestras exportaciones a dicho país se concentran en metales y minerales (HS26 y HS74), que alcanzan a cerca del 80% del total. Si a esto agregamos los envíos de frutas, carnes, vinos, así como de pulpa y celulosa, el 94% de las ventas a China se concentra en un puñado de productos que, en su mayoría, son recursos naturales con bajo grado de procesamiento y escaso valor agregado, excepto el vino. Además, nuestras ventas a China corresponden a más de un tercio del total exportado al mundo, creciendo de solo un 7%, dos décadas atrás. En el sector agroalimentario hay dos grupos de productos que han alcanzado un grado considerable de dependencia del mercado chino: las frutas y carnes, particularmente este último, que durante los últimos tres años llegó a casi el 40%. En cuanto a las frutas, casi un cuarto de nuestras exportaciones totales tienen como destino China. Todo esto ha alcanzado niveles que nos ponen en una situación de gran vulnerabilidad ante el gigante asiático.

No obstante, el apetito de China va más allá de Chile, y los países miembros del grupo de la ALADI se mueven rápidamente en la misma dirección, aunque todavía, a alguna distancia de nuestro país … ¡Ah! Siempre primeros, marcando el camino. En las últimas dos décadas, la participación de las exportaciones a China –en el total de la ALADI– creció de cerca del 2% a más de 13%. Si examinamos el sector agroalimentario, veremos que nuevamente el apetito chino se hace notar, pues su participación ya alcanza a más de 19%.

No es necesario que me lo recuerden, China es un país de más de 1.400 millones de habitantes y su industrialización tiene inmensas necesidades de recursos naturales y materias primas. Pero eso no es lo que está en discusión acá: es la vulnerabilidad creciente en que hemos caído y la necesidad de enmendar rumbos, y alejarnos rápidamente del “unilateralismo” mediante el cual nos sumamos a la globalización, y de ser siempre los “primeros en esto” o “lo otro”. ¡Y que no se nos olvide que aún es posible la integración regional!

Y para concluir: ¿qué haremos con Rusia, Presidente Piñera? ¿Nos limitaremos a “sentirlo mucho” o impondremos algunas sanciones? Apúrese, Presidente, no le deje el bulto a Gabriel Boric.

Fuente: elmostrador.cl